Una Larga Primavera

posted Dec 16, 2011, 6:46 AM by coss admin


El Nuevo Día 16 de Diciembre del 2011

Ciertamente el 2011 deja un legado que marcará los libros de Historia de las futuras generaciones. Pocos años atrás no nos hubiésemos imaginado un Oriente Medio sin las longevas dictaduras de Ben Ali, Hosni Mubarak, Muamar Gadafi y Al Saleh. 

Los destinos de los dictadores han sido variados. En los casos de Ben Ali, quien gobernó Túnez por 24 años, y de Al Saleh, dictador en Yemen por otros 33, ambos optaron por exilarse y refugiarse en Arabia Saudita. Mubarak, quien está hoy encarcelado en la tierra egipcia y que gobernó por 40 años, comparece a sus vistas judiciales literalmente enjaulado. El caso del dictador Gadafi culminó con su ejecución a sangre fría por los rebeldes libios quienes quisieron asegurarse que no volvería a gobernar más allá de los 42 años en que ostentó el poder. 

Aparte del derrocamiento de longevos dictadores, la “primavera árabe” ha provocado otros cambios significativos. Los partidos islamistas, que inspiran sus plataformas políticas en el Islam y la ley islámica (shari’ah) han resultado favorecidos ampliamente por el electorado. Así sucedió en Túnez y más notable aún es el caso de Egipto, donde los partidos islamistas, moderados y ortodoxos, han capturado casi dos terceras partes del favor popular en las urnas. Son de esperarse también triunfos de movimientos políticos análogos en Libia. 

La “primavera”, conocida también como “revuelta árabe”, es responsable de otros cambios importantes en la región aunque no hayan significado el derrocamiento de sus gobernantes. Por ejemplo en Argelia se levantó un estado de emergencia por el cual se gobernó por los últimos 19 años. En Arabia Saudita, el rey prometió espacio a la mujer tanto para votar como para ser electas a su consejo asesor y a las elecciones municipales a partir del 2015. 

Esto ha sido acompañado de significativas concesiones económicas y aumentos de salarios que se han emulado en otros países como el Líbano, Omán y Bahrein, aunque el reinado en este último sigue experimentando niveles altos de disconformidad popular. En Jordania, el rey ha destituido ya a dos primeros ministros ante presiones populares que exigen cambios a un paso más acelerado. 

Siria está en plena ebullición y por ende debemos esperar cambios significativos en el 2012. La represión violenta del régimen de Bachar Al Assad para con las manifestaciones populares ha provocado la condena amplia de la comunidad internacional induciendo un aislamiento progresivo del régimen. Esto, sumado a que las protestas gradualmente han degenerado en una guerra civil, complica y hace cuestionable la permanencia de la dinastía de la familia Al Assad que ha gobernado Siria por más 40 años. 

La “primavera árabe” se pretende opacar con las voces del miedo a supuestos extremistas islámicos. Las mismas que estuvieron por decenas de años calladas mientras los tiranos oprimían a sus pueblos saqueando sus países. Y si las calladas voces indignan, resultan más reprensibles aquellos que no sólo callaron sino que por décadas colaboraron proactivamente legitimando estos tiranos con dineros, apoyo político internacional, inteligencia militar y armamentos. 

Los pueblos hoy desconfían de estos cómplices manteniéndoles al margen de la evolución de sus procesos políticos. Sin ellos estorbando, hoy se vuelcan a favorecer quienes suplieron sus necesidades sociales de salud, educación y seguridad en sus barrios. 

Se les ha hecho tarde para sembrar temores infundados. Los torturadores opresores a los que sí temían se han ido, han huido, están muertos o moribundos. 

Las urnas, instrumentos últimos de la voluntad popular, verán a pueblo tras pueblo alejarse de quienes le fallaron y acercarse a quienes le cuidaron, los cuales les ofrecen una larga primavera.

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